Por fin estamos en Chamonix, llevaba tiempo con ganas de venir y en cuanto surgió la oportunidad había que aprovecharla. Me acompañan Vero y Guiller y tenemos 2 semanas por delante para disfrutar de los Alpes.Por increíble que parezca, hace buen tiempo y además el parte meteorológico es bueno para los próximos días, así que a Guiller le hacen falta pocos esfuerzos para convencernos de que no merece la pena descansar del viaje y por la mañana siguiente sin apenas ver Chamonix, hacemos las mochilas y nos dirigimos a coger el teleférico de la Aiguille.Tras la impresionante cola, nos apretujamos dentro de la cabina entre turistas de todas partes y sin sitio donde dejar nuestras pesadas mochilas. En la estación intermedia andamos mas espabilados y cogemos mejor sitio.
Al rato llegamos a la estación de la Aiguille de Midi, el sitio es alucinante y todos alucinamos con las vistas que hay desde aquí, además estamos a 2900m y el esfuerzo físico, se ha limitado a un par de empujones y poco mas, en cambio el esfuerzo ha sido “económico”.
Como tenemos todo el día por delante, echamos un vistazo al montaje que tienen preparado aquí arriba, miradores, pasillos, restaurantes, souvenirs, etc.. antes de saltar la valla que separa a los turistas de la arista que desciende al Glaciar.
Desde aquí el Glaciar parece una inmensa manta blanca repleta de hormiguitas que se mueven de un lado para otro.
Nos ponemos en marcha y en un momento, estamos debajo de la Aiguille de Midi, viendo las numerosas cordadas que escalan en su vertiente sur, la base de la pared esta repleta de tiendas y hay gente por todas partes.
Seguimos nuestro camino en ligero descenso, hacia la cara este del Mont Blanc du Tacul, en donde podemos adivinar las fabulosas goulottes que se forman aquí en invierno.
Tras pasar la vertiente Este del Mont Blanc du Tacul, comenzamos a ascender hacia un plato superior en el que tenemos pensado montar la tienda. Cuando llegamos el sol pega con fuerza y la reverberación de sus rayos en la superficie del Glaciar hace insoportable el calor.
Rápidamente, me pongo a palear nieve para aplanar un poco el lugar elegido para la tienda y al poco rato tengo que parar con una sudada increíble y un pequeño dolor de cabeza que me durara hasta la noche.
Por fin esta la tienda montada y podemos resguardarnos del Sol y observar una cordada que esta en la pared.
Van llegando mas vecinos y al atardecer hay 3 o 4 tiendas desperdigadas en la base del Capucin.
El plan para el día siguiente, es que Guiller y yo hagamos la Bonatti mientras Vero nos espera abajo con todo listo para salir pitando en cuanto bajemos.
Desde donde estamos, podemos ver el Capucin (por supuesto), trident du Tacul, La Tour Ronde, el Dent du Geant, y una larga lista de picos guapisimos, la verdad es que este plató es un sitio alucinante y de momento la temperatura es agradable, pero en cuanto desaparece el Sol esto se convierte en el mejor frigorifico.
Son las 6 de la mañana de 2 de Agosto y la luz rojiza del amanecer ilumina aun el Capucin cuando salimos de la tienda. Un desayuno rapido y ya estamos remontando el corredor hasta la entrada de la Bonatti. Ya en la roca nos ponemos los gatos y nos preparamos para comenzar la via.
Esta comienza por una travesía fácil hacia la dcha. por terreno fácil para colocarnos en el centro de la pared mas o menos. Bueno pues ya estamos aquí, el primer largo de verdadera escalada esta delante nuestro, parece fácil y me toca a mi, comienzo el largo y… ¡Toma!, la primera en la frente, tras unos movimientos poco acertados en una fisura de granito, me encuentro colgado del ultimo seguro, realmente se pone en evidencia que es mi primera via en granito y fisura. Continuo, ahora con mas cuidado y poco a poco le voy cogiendo el puntillo al Granito ( y acabara gustándome).
La escalada continua sin mayores dificultades y vamos progresando por la pared mientras vamos viendo a Verónica salir de la tienda, prepararse el desayuno, tumbarse a Sol, esconderse a la sombra de la tienda, salir al sol, esconderse …
Así llegamos al primer largo de 6c donde hay que apretar un poco mas para subir, el siguiente largo duro es una autentica ducha provocada por el desagüe de algún nevero superior.
El primero en ducharse es Guiller y cuando llega a la reunión parece que ha estado cogiendo olas en vez de escalando. Ahora me toca a mi, (pena de champú) voy subiendo como puedo, evidentemente de clavo a clavo y tiro porque me ha cago, debajo de esta ducha, la pared no esta como para ir probando pasitos.
Llego hasta la reunión y continuamos, menos mal que hace buen tiempo y poco a poco nos vamos secando, así continuamos disfrutando hasta llegar a la cima, la tienda en el Glaciar parece una chincheta y Verónica que nos ha visto en la cima, comienza a recoger la tienda para salir pitando en cuanto bajemos pues aun es pronto y tenemos tiempo de sobra para coger el ultimo teleférico.
Disfrutamos de la estrecha cima, y preparamos las cuerdas para los rápeles.
Los rápeles van por la via de los Suizos, y cuando llegamos a ellos, nos empezamos a plantear la posibilidad des pasar otra noche en el Glaciar, pues una cuadrillas de Franceses, que acaban de escalar esta via, se van a encargar concienzudamente de ralentizar el descenso con sus innumerables e innecesarias maniobras.
Le gritamos a Verónica para que deje de recoger la tienda y continuamos descendiendo a una media de 35 o 40 minutos de espera en cada reunión. Por fin tras estar rapelando tantas horas como escalando, el último rapel se nos engancha (supongo que a modo de castigo por la cantidad de injurias que proferimos contra los franceses).
Cuando llegamos a la tienda, Verónica ha conseguido derretir algo de nieve al Sol (el hornillo no funciona desde esta mañana), que junto a unos deliciosos Kit-Kat constituyen toda nuestra cena.
Por la mañana siguiente, nos levantamos bastante temprano para continuar con nuestra dieta de Kit-Kat y sorbitos de agua y recoger todo para dirigirnos hacia el Teleférico.
La remontada del falso (y tan falso) llano hasta la Aiguille se hace interminable y parece que cada vez que avanzamos esta se aleja un poquito, pero al final estamos al pie de la pequeña arista que nos conduce de nuevo al bullicio de los turistas en la estación superior del Teleférico.
Una vez en los pasillos de la estación, sin apenas darnos cuenta estamos los tres mirando a través de los cristales del restaurante, como turistas de todas las razas y colores, se ponen las botas. La verdad es que nuestros estómagos empiezan a necesitar algo mas que Kit-Kats, pero tendremos que esperar a bajar a Chamonix donde nos pondremos tibios.